Esta es la historia de una psicóloga que se casó. Enamorada vivió los primeros años de su matrimonio pero eventualmente la relación no pudo mantenerse. Su marido, de un día a otro, le pidió el divorcio y le dió la espalda. Ahora nuestra protagonista sufre por esta separación: su melodrama particular.


Fuente: Tinypic.com

Mientras esta chica me relataba su historia pensaba en su formación académica y en las técnicas para el manejo de la frustración que debió aprender.
Mi intención no es la de afirmar o negar que las técnicas psicológicas son la solución para ella y los actores de su historia, en este caso estimados lectores me declaro una neófita en la materia. El punto que quisiera exponer es que nuestra naturaleza humana pareciera tener estadios caóticos e irracionales que, aún y cuando tengamos la información a nuestro alcance para sobrellevarlos, nos juegan malas pasadas: alguien nos juega sucio y juramos venganza; una pareja no nos ama y decidimos hacerle la vida imposible, y otras más.

Irónicamente, hemos sido dotados del intelecto que nos permite preguntarnos acerca de nuestra especie y su comportamiento y al mismo tiempo, tenemos ese “comportamiento telenovelesco” que bajo ciertas circunstancias nos hace perder la cabeza y toda la objetividad. 

Así que las famosas telenovelas, que muchos menospreciamos por su contenido, podrían ser un reflejo bastante creíble de momentos descabezados que hemos sufrido, sufrimos o estemos por sufrir. Al final estamos propensos, como la protagonista de la historia introductoria, a participar en una que otra “Marimar”, “Topacio” y para los que somos menos agraciados: una “Bety La Fea”.
Entonces, es nuestro reto el de sobreponernos y vencer a un “Nicolás Feo” o una “Catalina Creel” que nos juran venganza, y no destinarnos a vivir su yugo flagelante por siempre. Les comento que la telenovela americana (Soap Opera) “Guiding Light” duró 72 años. Así que Cuidado!

El melodrama no distingue raza, credo o clases sociales. Es libre y está al alcance de todos y por ello, debemos aprender a sobrevivirlo /resolverlo y llevarlo a un “Fin”, y procurando que este sea feliz.
Por lo pronto, me conformo con desear que la chica de la introducción culmine su “culebrón” e imaginar que Freud también tuvo su corazoncito... salvaje.

He.